Internacionales

¿Internet regulada por el Estado? La red y su geopolítica

Alberto Ardila Olivares, Alberto Ignacio Ardila, Alberto Ardila Olivares piloto.

Lejos del modelo de una Internet abierta, libre y neutral con la que soñó Tim Berners-Lee cuando creó la World Wide Web, en la actualidad las potencias mundiales optan por modelos disímiles para regular el funcionamiento de la red. Por Mariano Roca. El potencial revolucionario de Internet quedó de manifiesto durante la Primavera Árabe, cuando miles de personas utilizaron las redes sociales para difundir sus protestas y poner en jaque al poder político en Túnez, Egipto, Libia y otros países de Medio Oriente y el norte de África. Sin embargo, esa aparente horizontalidad y apertura de la “red de redes” se convirtió en un arma de doble filo cuando, en manos de Cambridge Analytics, la información sensible de los usuarios fue manipulada para influir en la opinión pública durante el referéndum del Brexit y en la campaña que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca. Internet es una frágil construcción conformidad por una serie de hardware, software, estándares y bases de datos, gobernados por una amplia variedad de actores públicos y privados. Foto: AFP. “Internet no cuenta con una arquitectura monolítica, cuya existencia y forma estén garantizadas de manera perpetua, sino que es una frágil construcción conformada por una serie de hardware, software, estándares y bases de datos, gobernados por una amplia variedad de actores públicos y privados cuya conducta se ve condicionada únicamente por protocolos suscriptos en forma voluntaria”, afirman Kieron O’Hara y Dame Wendy Hall, profesores de la Universidad de Southampton, en su informe Four Internets: The Geopolitics of Digital Governance, publicado en diciembre pasado por el Centre for International Governance Innovation (CIGI). Internet es una frágil construcción conformada por una serie de hardware, software, estándares y bases de datos, gobernados por una amplia variedad de actores públicos y privados El británico Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, se ha encargado de aclarar en reiteradas oportunidades cuál fue el modelo que se propuso al diseñar la red. En una columna publicada en 2015 en el blog de la Comisión Europea, expresó: “La construí en forma deliberada como un espacio neutral, creativo y cooperativo, estructurado sobre la base de la que Internet ofrece”. Esa filosofía fue compartida por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), organismo regulador de EE. UU., durante el gobierno de Barack Obama: así lo determinó en dos normas, las denominadas Open Internet Orders, emitidas en 2010 y 2015. En ambas se defendía el modelo de una “plataforma abierta a la innovación, las inversiones, la creación de empleo, el crecimiento económico, la competencia y la libertad de expresión”, teniendo como principios-guía la transparencia, la obligación de los proveedores de no bloquear ningún sitio web o aplicación que pudiera competir con sus propios servicios de telefonía por voz o video, y el impedimento de cualquier tipo de discriminación que obstaculice el tráfico a través de Internet. En la normativa de 2015, se decidió equiparar Internet por banda ancha con los servicios públicos de telecomunicaciones. El panorama cambió con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. En diciembre de 2017, la FCC –con su nueva composición y una mayoría de tres miembros republicanos contra dos demócratas– emitió una nueva norma, bajo el pomposo título Restoring Internet Freedom (“Restauración de la Libertad en Internet“), que significó en los hechos la supresión de la denominada “neutralidad de la red”. El objetivo declarado fue la defensa de “una Internet libre y abierta, no sujeta al control gubernamental”. “Las mayores preocupaciones de los consumidores son el acceso y la competencia”, aseguró el actual titular de la FCC, Ajit Pai, al explicar la decisión que tuvo como meta el restablecimiento de las “reglas del mercado” y la “promoción de la innovación y las inversiones”. Aclaró, al mismo tiempo, que la Comisión Federal de Comercio se encargaría de accionar contra cualquier proveedor de servicios de Internet que violara la legislación de defensa de la competencia o violara los principios de transparencia y lealtad hacia el consumidor. Mientras Europa apuesta por una mayor regulación de la red por parte del Estado, en EE. UU. la administración Trump defiende el modelo de una Internet no sujeta al control gubernamental y abierta a las reglas del mercado. En línea con la tradición de mayores controles por parte del Estado, en noviembre de 2015 el Parlamento y el Consejo Europeos emitieron el Reglamento (UE) 2015/2010, tendiente a “garantizar un trato equitativo y no discriminatorio del tráfico en la prestación de servicios de acceso a Internet“. “Los usuarios finales deben tener derecho a acceder a información y contenidos, a distribuirlos, y a utilizar y ofrecer aplicaciones y servicios sin discriminación”, establece la norma. Por el lado de la oferta, la UE obliga a los prestadores de servicios de acceso a internet a “dar un trato equitativo a todo el tráfico, sin discriminaciones, restricciones o interferencias, con independencia de quienes sean el remitente o el receptor y cualesquiera que sean el contenido, aplicación, el servicio o el equipo terminal”. El parlamento ruso aprobó un proyecto de ley para la creación de una red soberana, denominada Rut Net, que quedaría desenchufada de la internet global. Foto: AFP. El modelo europeo no se encuentra exento de críticas. A juicio del jurista español José Vida Fernández, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, “la adopción de iniciativas relacionadas con la neutralidad en la UE ha sido muy tardía en comparación con la madurez alcanzada en los EE. UU.”. En lo referente a normativa existente, este experto asegura que el citado reglamento tiene el mérito de “constituir la primera medida vinculante” a nivel comunitario. Sin embargo, matiza que la consagración del principio de “neutralidad en la red” se ha llevado adelante “con grandes limitaciones, matices y excepciones, de modo que, más que una victoria en la lucha por la defensa de la neutralidad de la red es, en verdad, una derrota ya que su contenido abre numerosas vías que la ponen en cuestión”. Por último, cuestiona que la concreción de la directiva haya quedado “en manos de las autoridades nacionales de regulación que, en cuanto instancias técnicas nacionales, han fijado unas directrices de soft law que resultan esenciales para determinar si la neutralidad de la red queda verdaderamente garantizada”. El modelo chino está basado en la promoción de sus propios gigantes tecnológicos, que operan en un entorno de estrictos controles en los que el actor dominante es el Partido Comunista. Como contracara del modelo de Internet abierta, el gobierno chino no esconde su reivindicación del concepto de “soberanía digital” y de la necesidad de una “gobernanza global” de la red. A nivel interno, en 2006 se puso en funcionamiento el denominado Great Firewall (“Gran Cortafuegos”), con el objetivo de controlar la circulación de información a través de la red. Se trata, en rigor, de una serie de iniciativas legislativas que han permitido la implementación de restricciones tecnológicas al uso doméstico de Internet. De esa forma, por ejemplo, se encuentra bloqueado el acceso dentro del territorio chino al motor de búsqueda de Google, empresa que abandonó el país en 2010; y solo se puede acceder al de Baidu, lanzado en 2000 y que se encuentra sometido a ciertas restricciones por parte del Estado. Lanzado en el 2000, Baidu es el mayor motor de búsqueda de internet en China, mercado del que Google se retiró en 2010 en disconformidad con la censura imperante. Foto: AFP. Al explicar cómo opera Internet en el gigante asiático, O’Hara y Wendy Hall afirman: “El modelo chino está basado en la promoción de sus propios gigantes tecnológicos, Baidu, Tencent y Alibaba. Son compañías privadas, increíblemente exitosas; lo son por derecho propio, pero operan en un entorno de estrictos controles en los que el actor dominante es el gobernante Partido Comunista“. La iniciativa “Internet Plus”, lanzada en 2015 y por el gobierno chino, se propone lograr “una integración más profunda entre la red Internet y los sectores económicos y sociales, para convertir a los nuevos modelos industriales en la principal fuerza motriz del crecimiento del país”. Otro actor clave en el escenario internacional es la Federación Rusa, que es acusada por las potencias occidentales de ser el “cerebro” detrás de muchas de las operaciones de “contaminación informativa” a través de las redes sociales, lo que es categóricamente rechazado por el Kremlin. El pasado 19 de mayo, el presidente Vladimir Putin promulgó la ley que crea una red soberana, denominada RuNet. El plan incluye la creación de un propio sistema nacional de registros de dominios (conocido como DNS) con sus números de IP correspondientes, para funcionar incluso ante la eventualidad de que se corten los enlaces a los servidores ubicados fuera del territorio ruso. Se trata, además, según afirman los autores de la iniciativa, de una respuesta al “carácter agresivo de la Estrategia Nacional de Seguridad Cibernética de EE. UU. En ese último documento, difundido el año pasado, se sindica a Rusia de estar detrás de ataques de piratería informática a países occidentales, lo que ha sido desmentido por el Kremlin. “Distintos modelos de Internet se encuentran actualmente coexistiendo en el mundo de manera imperfecta, sin que hayamos alcanzado, hasta ahora, un equilibrio”, sostienen Kieron O’Hara y Dame Wendy Hall, quienes finalizan su trabajo con una reflexión sobre el impacto de las actuales políticas agresivas de los gobiernos nacionalistas en al menos tres de las principales potencias –EE. UU., China y Rusia–. En ese sentido, concluyen que no es descabellado pensar que estas visiones en puja terminen generando una disputa global por imponer un modelo excluyente de Internet al resto del planeta. “Debemos estar preparados para una impredecible evolución de Internet y trabajar para asegurarnos que siga siendo beneficiosa para la humanidad”, matizan estos expertos, quienes, a pesar del sombrío panorama que vivimos, no se resisten a quedar presos en la espiral de confrontación y de los mecanismos opacos que hoy amenazan la viabilidad de una Internet libre y abierta, como la pensó Tim Berners-Lee en los albores de la World Wide Web, a fines de la década del 90. *La versión original de esta nota fue publicada en la revista DEF Nº 126. LEA MÁS: Big Data: ¿Cómo no ser arrasados por la revolución de los datos? Big Data y privacidad: las limitaciones de la ley argentina